
35 años de la primera movilización de la Marcha del Orgullo
El próximo sábado 7 de noviembre a partir de las 10 h, las calles de Buenos Aires darán lugar a la 35a edición de la Marcha del Orgullo, la movilización disidente más masiva del país, cuyo proceso de organización estuvo marcado por un fuerte contrapunto político entre la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo (COMO) y el Gobierno de la Ciudad. Bajo el lema "Cuando el odio avanza, el orgullo en las calles es resistencia", la marcha busca validar el espacio público como herramienta innegociable de visibilidad y reclamo, tras salvar la marcha de varios intentos de suspensión y acalorados debates sobre la seguridad operativa en la Capital Federal.

"La autonomía de la marcha no se negocia con ningún gobierno”,
sostiene una integrante de la COMO. | @marchadelorgulloar
El detrás de la renegociación con el Gobierno porteño
La organización de la marcha exigió una mesa de diálogo entre la comisión organizadora y las autoridades porteñas. El despliegue de las fuerzas de seguridad y los cortes de tránsito previstos por la visita del Papa León XIV a la Argentina obligaron a revisar la logística del primer fin de semana de noviembre.
Desde la COMO destacaron la complejidad autogestiva del evento: "Llevar adelante una marcha de esta magnitud implica meses de trabajo. Cuando surgió el cruce de fechas por la visita del Papa León XIV, el planteo de la comisión fue garantizar que el espacio público siguiera siendo nuestro territorio de manifestación sin perder visibilidad ni seguridad. Ajustar la logística fue un ejercicio directo de resistencia y autonomía", afirma una integrante de la organización del evento.
Asimismo, remarcaron la postura firme de la organización frente a los requerimientos operativos: "Si el problema es la seguridad, la respuesta debe ser reforzarla. La Ciudad puede y debe garantizar la infraestructura, los servicios sanitarios y la logística. Buenos Aires tiene la capacidad instalada para recibir al Papa y garantizar la Marcha del Orgullo, porque además las fechas ni siquiera coinciden".
Por su parte, desde la Secretaría del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires remarcaron la predisposición para alcanzar un acuerdo operativo. "El objetivo principal fue coordinar dos eventos masivos de altísima sensibilidad en la vía pública. Se trabajaron esquemas de seguridad, prevención de tránsito y logística para que tanto la agenda oficial por la visita papal como la marcha del sábado puedan desarrollarse con normalidad y sin superposiciones", señalaron voceros porteños.
Tras diversas instancias de diálogo institucional y la inquebrantable postura colectiva de la organización, la movilización quedó formalmente confirmada para el primer sábado de noviembre. De este modo, la marcha mantiene su fecha original.
35 años en las calles: memoria colectiva y resistencia política
La marcha de este año marca un aniversario clave de historia ininterrumpida desde aquella primera movilización de 1992 impulsada por activistas como Carlos Jáuregui y César Cigliutti. En aquel momento, unas pocas docenas de personas marcharon para exigir la derogación de las órdenes policiales que criminalizaban la diversidad, muchas de ellas luciendo caretas de cartón para evitar represalias o despidos.

La manifestación pasó de ser una concentración resistida a consolidarse como el evento de ocupación cultural al aire libre más masivo de toda la Ciudad. La jornada de este sábado comenzará por la mañana en Plaza de Mayo con la tradicional Feria del Orgullo y presentaciones musicales en vivo, para dar paso a las 16:00 h al inicio de la movilización hacia el Congreso Nacional. En los escenarios de la jornada estarán presentes figuras de gran peso como María Becerra, La Joaqui, Six Sex, Roze, K4OS, Martín Cirio, Tita Print y Juli Martorell, entre muchos otros artistas que integrarán una grilla artística que cruza masividad y diversidad cultural.
El lema de este año no solo rinde homenaje a las tres décadas y media de historia, sino que interpela un presente donde los derechos conquistados vuelven a disputarse en la agenda pública. Así, a tres décadas y media de las primeras caretas de cartón, la marcha reafirma que la ocupación del espacio público sigue siendo la respuesta colectiva más firme frente al avance de cualquier discurso de odio.



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