
La remontada de Lula da Silva en Brasil corta la ola de derecha regional y reordena el vínculo con la Argentina
La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje presidencial de Brasil reconfigura el mapa diplomático para la Argentina. Ante un escenario de profunda distancia ideológica, especialistas advierten que el desafío central para el presidente de la Argentina, Javier Milei, será contener el impacto político y articular canales institucionales para evitar que el choque geopolítico perjudique el comercio, el Mercosur y los negocios estratégicos entre ambos países.

Lula logró un giro de 5,45 puntos porcentuales a su favor en comparación con los resultados de la primera vuelta, según datos del Tribunal Superior Electoral. | Foto: Brian Snyder vía REUTERS.
Tras conocerse el resultado, Flávio Bolsonaro anunció que no lo reconocería y que pediría la anulación de los comicios, según consignó la Agência Brasil. Lula, por su parte, calificó la victoria como una “derrota del negacionismo y de la mentira”, en declaraciones recogidas por CNN Brasil.
En la Argentina, la atención se concentra en lo que significa la continuidad de Lula para el Gobierno de Javier Milei. Para Marcelo Bermolén, director del Observatorio de Calidad Institucional de la Universidad Austral especializado en análisis político e institucional, el resultado no impide que el presidente argentino avance con su programa económico, pero mantiene enfrente a un interlocutor “de enorme peso regional que tiene otra concepción del desarrollo”. Las diferencias sobre la intervención estatal, la protección industrial y los ritmos de apertura pueden complicar las negociaciones dentro del Mercosur, explicó, ya que Brasil busca preservar instrumentos de política industrial y su capacidad de decidir cómo se integra al mundo.
Ambos gobiernos apoyaron el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, por lo que Bermolén advierte que no conviene plantear el escenario como una simple oposición entre apertura y aislamiento, sino que la discusión gira en torno a los plazos, las condiciones y los sectores que cada uno procura proteger.. “Una relación diplomática dañada reduce la capacidad de resolver esas diferencias”, señaló.
La preocupación por el tono bilateral es compartida por Diego Guelar, ex embajador argentino en Brasil entre 1996 y 1997. Para el diplomático, sería “gravísimo” que la situación escalara, por ejemplo hasta una ruptura de relaciones diplomáticas, algo que provocaría serios daños al vínculo. Propuso blindar la relación con canales institucionales y planteó un vínculo sólido entre los ministerios de Relaciones Exteriores y de Economía y entre los bancos centrales de ambos países, para que no dependa exclusivamente de la sintonía entre los presidentes.
Hay una agenda posible aun con distancia política, según sostiene Bermolén. Mencionó la energía, la mejora de los pasos fronterizos, la simplificación aduanera, la infraestructura y las reglas previsibles para las cadenas industriales que operan en ambos países. Afirmó que no necesitan coincidir sobre cuánto Estado debe haber en la economía para reconocer que una demora fronteriza, una exigencia duplicada o una restricción inesperada encarece la producción.
Los sectores más expuestos, menciona el especialista en análisis político e institucional, serían el automotor y autopartista, por su dependencia de la producción, el abastecimiento y las exportaciones con Brasil. También mencionó a los productores de alimentos, los proveedores industriales y los proyectos energéticos. El especialista advirtió que la demanda, el crédito y el tipo de cambio influyen tanto o más que las disputas políticas. Un real más débil reduce la competitividad argentina y favorece el turismo en Brasil.
En los últimos tiempos se había instalado la idea de que los candidatos con el respaldo de Javier Milei tenían más chances de imponerse en las urnas. “Primero habría que demostrar que existía una tendencia atribuible al respaldo de Milei”, cuestiona Bermolén tras ser cuestionado sobre por qué esa tendencia no se sostuvo en Brasil. A su juicio, las afinidades internacionales dan visibilidad y refuerzan una identidad política, pero no transfieren votos automáticamente. Atribuyó el resultado a factores propios de Brasil, como la fortaleza de Lula en el Nordeste y el rechazo que generan tanto el apellido Bolsonaro como el PT. “Presentar el resultado como una derrota personal de Milei daría a su intervención una centralidad que todavía no está demostrada”, concluyó.

"La victoria de Lula no supone una adhesión uniforme a su programa. Puede reunir apoyo a su gestión, identificación política y rechazo al adversario", afirma Marcelo Bermolén | Fuente: Elaboración propia a partir del análisis brindado por Marcelo Bermolén.
Guelar puso el foco en el candidato derrotado. Opinó que Flávio Bolsonaro no era un rival “de fuste” frente a un personaje de la talla de Lula y que la elección habría sido otra con Tarcísio de Freitas, gobernador de San Pablo, que fue reelecto en primera vuelta el 4 de octubre con alrededor del 63% de los votos. Según anticipó, De Freitas será seguramente el candidato de la derecha en 2030.
La definición del balotaje, de poco más de tres puntos, confirmó que la contienda fue más pareja de lo que algunos pronósticos preveían.


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