
El ejercicio físico no solo mejora la fuerza o la resistencia: también entrena el cerebro. Diversas investigaciones confirman que la actividad regular estimula la neuroplasticidad (la capacidad del cerebro para adaptarse y crear nuevas conexiones), mejorando la memoria, la atención y el estado de ánimo. Así lo demuestra el artículo “Ejercicio físico como modulador de la neuroplasticidad y función cognitiva: revisión sistemática”, publicado en la revista Retos por los investigadores Rocío Bustos Barahona, Eduardo Cruzat Bravo, Yoselin Reyes Sánchez y Mauricio Tauda. El estudio analizó 15 trabajos científicos con casi mil adultos mayores y concluyó que el ejercicio físico estructurado es una herramienta terapéutica eficaz y accesible para preservar la salud cerebral y prevenir el deterioro cognitivo.
La neuroplasticidad ,concepto central del trabajo, se entiende como la capacidad del cerebro para reorganizarse a lo largo de la vida. El movimiento actúa como un poderoso estímulo para este proceso, ya que aumenta el flujo sanguíneo y la oxigenación cerebral, eleva la liberación de neurotransmisores como dopamina, serotonina y noradrenalina, y promueve la producción del BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro), una proteína que favorece el crecimiento y la comunicación entre las neuronas. Desde la fisiología, el doctor Mauricio Tauda, coautor del artículo, explicó: “El cerebro es un órgano dinámico, capaz de modificarse estructural y funcionalmente en respuesta a la experiencia. El ejercicio físico estimula la formación de nuevas conexiones neuronales y favorece los procesos de aprendizaje, memoria y adaptación”.
El artículo revela que las funciones cognitivas más beneficiadas por el ejercicio son la memoria, la atención y las funciones ejecutivas (aquellas que permiten planificar, decidir y resolver problemas). El entrenamiento aeróbico, como correr, nadar o andar en bicicleta, mostró el mayor impacto sobre la neuroplasticidad, aunque los programas combinados (aeróbico más fuerza) generaron efectos sinérgicos aún más amplios sobre la salud cerebral. Mientras el componente aeróbico estimula la oxigenación y la liberación de BDNF, el trabajo de fuerza promueve la secreción de IGF-1 (Factor de Crecimiento Similar a la Insulina tipo 1) y hormona del crecimiento, que potencian la regeneración neuronal.
La evidencia es clara: moverse es una forma de cuidar el cerebro. El ejercicio no solo moldea el cuerpo, sino que entrena la mente, mejora el estado de ánimo y fortalece la resiliencia emocional. En palabras del doctor Tauda, “ponerse en forma no significa solo cambiar la apariencia física, sino optimizar la manera en que pensamos, aprendemos y sentimos”
Para saber más:
El Ministerio de Salud de la Nación ofrece información actualizada sobre los programas de promoción de la salud cerebral, la actividad física y la prevención del deterioro cognitivo. Podés acceder a materiales educativos, guías y recursos oficiales en: https://www.argentina.gob.ar/desarrollosocial/programas/deteriorocognitivo.


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