
Carlos Gorriarena, entre la ironía y vigencia cultural de su arte político
Cultura y EspectáculosPor: Fátima Llapur

Gorriarena encontró el arte como vía para su expresión de postura política. Créditos: FL.
El Museo Nacional de Bellas Artes abrió puntual, a las once. Los guardias se habían distribuido con precisión: uno en cada esquina, otro en la entrada, todos atentos al silencio que reinaba en las salas. Afuera, el edificio rosado se destacaba contra el cielo gris; adentro, las voces se habían apagado apenas cruzado el umbral. El público comenzó a entrar con paso lento, algunos vestidos con colores fuertes y estampados originales. A medida que avanzó la mañana, el espacio se llenó de cuerpos dispersos, cada uno inmerso en una contemplación solitaria. “Yo vengo a observar las técnicas que usan los artistas”, contó Juana. Una chica rubia de 23 años, cuya aspiración fue el arte y se inspiraba semanalmente en los cuadros del museo.
En la sala dedicada a Carlos Gorriarena, el clima fue distinto. Donde en otros pabellones se oyeron risas y se llenó de estudiantes en una visita escolar, allí predominó el silencio. Un hombre de barba larga, ropa gastada y mirada atenta recorrió el espacio con calma. Observó cada pintura como si reconociera algo de sí mismo en esas figuras distorsionadas, suspendidas entre el dolor y la ironía. Los guardias permanecieron inmóviles, indiferentes al peso simbólico que colgaba de las paredes.
Jorge, el hombre encorvado de 56 años con la ropa desgastada, no dudó en expresar su opinión sobre el pintor: “Gorriarena no fue tan conocido en su momento, la sociedad lo valoró siglos después”, explicó. Contempló los cuadros con admiración, como quien encuentra su voz en el arte.

Gorriarena fue fuertemente influenciado por la figura de Alberto Heredia, con quién compartió su mirada crítica sobre la sociedad. Créditos: FL.
La selección que compuso el homenaje al artista buscó iluminar algunos aspectos de su prolífica trayectoria. En esta, un trazo del pincel, un gesto captador y unas sombras proyectadas sobre una pared fueron capaces de condensar el clima de una época con la más potente elocuencia.
La muestra Retrato de un momento, inaugurada el jueves 2 de octubre, reunió cerca de treinta obras que abarcaron casi medio siglo de producción. La curaduría, a cargo de Gabriela Naso, propuso un recorrido por las distintas etapas del artista: desde su experimentación con el informalismo en los años sesenta hasta las composiciones monumentales de los noventa y dos mil. El homenaje, en el marco del centenario de su nacimiento, marcó el regreso de Gorriarena al Bellas Artes y recordó por qué su obra nunca dejó de ser actual.

Infografía: elaboración propia


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